Día 8 Santa Octava-CONSAGRACIÓN

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CORONA FORMAL DE LA SANTA OCTAVA – OCTAVO DIA


(ORACIONES PREVIAS A LA CONSAGRACIÓN)

DIOS ES MI PADRE

Padre mío que estás en los cielos, ¡qué dulce y suave es saber que Tu eres mi Padre y que yo soy tu hijo! Sobre todo cuando está oscuro el cielo de mi alma y más pesada es mi cruz, es cuando siento la necesidad de repetirte: ¡Padre, creo en tu amor por mí!
Sí ¡creo que tú eres para mí Padre en cada momento de la vida y que yo soy tu hijo!
¡Creo que me amas con amor infinito!
¡Creo que velas día y noche sobre mí y que ni siquiera un cabello se cae de mi cabeza sin Tu permiso!
¡Creo que, infinitamente Sabio, sabes mejor que yo, aquello que me conviene!
¡Creo que infinitamente Potente, puedes traer el bien a pesar del mal!
Creo que, infinitamente Bueno, haces que todo sirva para el beneficio de los que Te aman: ¡y aún, bajo las manos que golpean, yo beso Tu mano que sana!
Creo,… ¡Pero aumenta en mí la fe, la esperanza y la caridad!
Enséñame a ver siempre tu amor como guía en cada evento de mi vida.
Enséñame a abandonarme a Ti como un niño en los brazos de la mamá.
Padre, Tú sabes todo, Tú ves todo, Tú me conoces mejor de lo que me conozco yo mismo: ¡Tú puedes todo y Tú me amas!
Padre mío, dado que Tu quieres que siempre recurramos a Ti, heme aquí con confianza para pedirte, con Jesús y María… (pedir la gracia que deseas).
Por esta intención, uniéndome a Sus Sacratísimos Corazones, Te ofrezco todas mis oraciones, mis sacrificios y mortificaciones, todas mis acciones y una mayor fidelidad a mis deberes. [1]
¡Dame la luz, la gracia y la fuerza del Espíritu Santo!
Confírmame en este Espíritu, de modo que yo no lo pierda nunca, ni lo entristezca, ni lo debilite en mí.
Padre mío, ¡es en nombre de Jesús, Tu Hijo, que te lo pido!
Y tu, oh Jesús, abre Tu Corazón y mételo adentro el mío, junto con el de María ¡ofrécelo a nuestro Padre Divino!… ¡Obtenme la gracia que necesito!
Padre Divino, llama hacia Ti a todos los hombres. ¡Que el mundo entero proclame Tu Paternal Bondad y Tu Divina Misericordia! Sé para mí tierno Padre, y protégeme por todas partes como la pupila de Tus ojos. Haz que yo siempre sea digno hijo Tuyo: ¡ten piedad de mí!

Padre Divino, dulce esperanza de nuestras almas
¡Qué Tú seas conocido, alabado y amado por todos los hombres!
Padre Divino, bondad infinita que se infunde sobre todos los pueblos!
¡Qué Tú seas conocido, alabado y amado por todos los hombres!
Padre Divino, rocío beneficioso de la humanidad
¡Qué Tú seas conocido, alabado y amado por todos los hombres!
(Sor Eugenia Ravassio)

[1] Si se reza esta oración como Novena añadir: “Te prometo ser más generoso, especialmente en estos nueve días, en tal circunstancia … con tal persona …”.

Indulgencia parcial

† Mons. Girard
Vic. Apost. Il Cairo Egipto
9 Octubre 1935

† Jean Card. Verdier
Arzobispo de París
8 mayo 1936


PADRE, LA TIERRA TE NECESITA

Padre, la tierra te necesita;
el hombre, cada hombre, te necesita;
el aire, pesado y contaminado, te necesita;
te ruego, Padre, vuelve a caminar por los caminos del mundo;
vuelve a vivir en medio de tus hijos;
vuelve a gobernar las naciones;
vuelve a traer la paz, y con ella la justicia;
vuelve a hacer brillar el fuego del amor,
para que – redimidos del dolor –
podamos volvernos criaturas nuevas. Amén.


PADRE, DÓNAME

Padre,
dame un profundo deseo de amar continuamente;
hazme sentir que cada instante que pasa
no podré vivirlo sino en Amor;
hazme probar un profundo sufrimiento
por todo el tiempo perdido
y por todo el tiempo que pueda perder.
Padre Celestial,
ordena a mi espíritu vivir cada instante en el Amor
y aunque mi cuerpo esté distraído,
mi espíritu pueda amarte continuamente;
y en Ti, Contigo y por Ti,
pueda amar al universo entero
y a cada criatura que pasa a mi lado.
Padre, sólo esto quiero,
y quiero que ninguna sombra de desamor
ofusque mi espíritu, de forma que,
al momento de mi muerte
yo quede extasiado mirándolo resplandecer
de Tu misma Luz. Amén.


CONSAGRACIÓN

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PADRE MÍO, ME ABANDONO A TÍ

Padre mío,
me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Lo que hagas de mí te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo.
Con tal que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas,
no deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi vida en Tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en Tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tu eres mi Padre. Amén.

(Beato Charles de Foucauld)


(ORACIÓN PARA DESPUÉS DE LA CONSAGRACIÓN)

Gracias Padre

 

(FIN DE LA SANTA OCTAVA)

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